
La efedrina es una amina que suele usarse como estimulante, supresora del apetito, descongestionante, potenciadora de la concentración, y para tratar la hipotensión asociada con la anestesia. Es similar en estructura a los derivados sintéticos de la anfetamina y meta-anfetamina. Por medios químicos, se extrae el alcaloide de varias plantas del género Ephedra. Suele comercializarse en forma de sulfato e hidrocloruro.
Las reacciones adversas de la efedrina son más comunes cuando se administra por inyección o de forma oral. Estos posibles efectos secundarios son:
- Cardiovasculares: taquicardia, arritmias cardíacas, angina de pecho y vasoconstricción con hipertensión.
- Dermatológicos: sofoco, sudoración, acné.
- Gastrointestinales: náuseas, pérdida de apetito.
- Genitourinarios: aumento en la excreción de orina debido al aumento en el flujo de sangre (la dificultad para orinar es bastante común, ya que la efedrina estrecha el esfínter uretral interno).
- Sistema nervioso: inquietud, confusión, insomnio, euforia suave, obsesión/alucinaciones (raro, excepto en trastornos psiquiátricos ya existentes), ilusiones, hormigueo, paranoia, hostilidad, pánico, agitación.
- Respiratorios: disnea, edema pulmonar.
- Diversos: mareo, dolor de cabeza, temblores, reacciones hiperglucémicas.
La dosis diaria máxima aprobada de efedrina para su uso como broncodilatador es de 150 mg. La sobredosis puede conducir a la muerte, aunque la dosis aprobada probablemente no cause reacciones severas cuando se usa de la forma adecuada.
La efedrina también puede producir daño en los receptores cerebrales cuando se usa a largo plazo, debido a su acción constante sobre los neurotransmisores. También conduce al aumento de la tensión arterial, que con el tiempo puede dañar los vasos sanguíneos.